Es fácil tratar el sueño como algo secundario, algo que se recorta cuando la semana se complica. Su sistema digestivo lo ve de otra manera. El descanso nocturno le da al intestino tiempo para hacer su trabajo de mantenimiento, y cuando falta sueño, la digestión suele ser una de las primeras funciones en resentirse. La conexión va en ambos sentidos, así que los hábitos que mejoran su sueño también pueden beneficiar su digestión.
Cómo se conectan el sueño y la digestión
Su tubo digestivo sigue un ritmo diario, igual que el resto de su cuerpo. Durante la noche sigue trabajando en silencio: mueve el contenido intestinal, repara su revestimiento y cuida la comunidad de bacterias intestinales que ayuda a que la digestión funcione sin contratiempos. Cuando el sueño es corto o se interrumpe, los niveles de hormonas del estrés como el cortisol se mantienen más altos, y ese cambio puede hacer más lento el tubo digestivo y favorecer la inflamación. Un horario de sueño irregular también puede desequilibrar esas bacterias intestinales y, a su vez, un intestino desequilibrado puede dificultar el descanso.
Lo que dormir mal puede hacerle a su intestino
Las personas que duermen mal suelen notar más distensión, acidez y hábitos intestinales irregulares. La falta de sueño sostenida también puede agravar condiciones digestivas crónicas como el síndrome del intestino irritable y el reflujo ácido, y muchos pacientes notan que sus síntomas se intensifican después de varias noches malas. Dormir mal incluso puede hacer que el cuerpo sea más sensible a las molestias, de modo que un mismo síntoma digestivo se siente peor tras una noche corta. Un sueño constante y reparador le da al tubo digestivo el tiempo de recuperación que necesita.
Por qué ayuda una rutina estable
Un horario de sueño regular mantiene alineado el reloj interno de su cuerpo, y ese reloj ayuda a coordinar las hormonas y las enzimas digestivas. Acostarse y levantarse más o menos a la misma hora todos los días, incluidos los fines de semana, también facilita que la digestión siga su propio horario. El horario de la mesa igualmente cuenta: terminar la última comida abundante dos o tres horas antes de acostarse le da al estómago tiempo para vaciarse y hace menos probable el reflujo nocturno.
Hábitos que benefician el sueño y la digestión
Unos cuantos ajustes en la tarde y la noche pueden mejorar el sueño y calmar la digestión al mismo tiempo. Limite la cafeína después del mediodía y modere el alcohol por la noche, ya que ambos alteran el sueño y pueden provocar reflujo. Mantenga la habitación oscura, silenciosa y fresca, y deje a un lado las pantallas bastante antes de dormir. Los estiramientos suaves, una caminata corta después de la cena o los ejercicios de respiración lenta pueden ayudar al cuerpo a relajarse. Si la acidez, la distensión u otras molestias digestivas continúan aun cuando su descanso mejora, hable con un gastroenterólogo; los síntomas persistentes merecen una evaluación cuidadosa y no otra noche sin dormir.
